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domingo, 28 de febrero de 2010

El convoy de los 927

Ved el escalofriante relato de refugiados republicanos que fueron tristes protagonistas por ser los primeros en llegar al campo de concentración de Mauthausen ante la pasividad de Franco y de Serrano Súñer. Es la historia de 927 personas, familias completas, que fueron obligadas a subir a un tren y, tras días de viaje sin conocer su destino, los hombres fueron separados de sus familias para ser encerrados en el campo de concentración. Las mujeres y los niños continuaron su viaje por todo el norte de francia en ese tren de mercancías, hasta que muchos días después fueron recibidos en España como delicuentes.

Es un duro recuerdo, un gran trabajo realizado por el equipo de Documentos TV, emitido hace algún tiempo en La 2. Los criminales responsables de esto y otros muchos actos igual de tristes nunca pagaron por ello, como tampoco ha sido reconocido, salvo en actos como el de Rivas, el mérito de los que lucharon por una democracia verdadera y digna, por un país libre.

sábado, 6 de febrero de 2010

Miguel Hernández: fiel a un ideal

El alicantino Miguel Hernández fue uno de los poetas más destacados del país. Al comienzo de la guerra civil se alistó en el bando republicano. Cuando esta terminó fue apresado, pero Pablo Neruda intercedió para conseguir su liberación. Sin embargo, volvió a ser detenido y condenado a muerte. La presión de varios intelectuales consiguió cambiar la pena a treinte años de cárcel. Las duras condiciones de los penales de la época para los presos políticos hizo que Miguel muriera mucho antes de cumplir la pena, a las 5:32 horas de la mañana del 28 de marzo de 1942, con 31 años.

Hoy se han descubierto varias cartas donde queda aún más patente el comprimiso de Hernández con sus ideales. Gonzalo Santoja, director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, posee estas cartas. Nos cuenta que, estando en la cárcel, Miguel Hernández recibió la visita de José María de Cossío, acompañado de escritores falangistas. Le pidieron que hiciera algún gesto de arrepentimiento o en apoyo al régimen, pero Miguel les echó. Cossío era un amigo del poeta que intentó acogerle en su casa al término de la guerra y luego fue uno de los que intercedió para rebajar la pena al alicantino. Hernández escribió a Cossío comunicandole lo "lamentable" del suceso, pero admitiendo que actuó desde la "pasión" para intentar salvarle la vida. No obstante, Miguel quiso que su amigo hubiese actuado "desde la razón", manteniendo su posición y sus ideas.